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Los límites humanos no surgen del deseo de ofender
Con el paso de los años, incluso las personas más hospitalarias se enfrentan a una verdad simple, aunque incómoda: los recursos, físicos, emocionales y domésticos, no son ilimitados. Y decir «no» no se convierte en un acto de egoísmo, sino en una forma de autocuidado. De eso se ocupó The Washington Post, que planteó el muy pertinente tema de cómo proteger los propios límites y no destruir las relaciones con los amigos, la familia e incluso las personas más cercanas.
Pensemos por ejemplo en un matrimonio de adultos. Viven en un piso grande cerca de un lugar popular de la ciudad, un lugar que se convierte automáticamente en una «opción conveniente» para conocidos y familiares. Antes estaban encantados de recibir invitados, pero ahora admiten sinceramente que las fiestas de pijamas para otros se han vuelto inasequibles. Sin embargo, las peticiones no cesan:
- «Sólo estaremos aquí unos días».
- «Prepararé el desayuno.»
- «No es un problema».
El problema es que incluso después de un educado «lo sentimos, no podemos» la gente empieza a regatear, y esto ya no es hospitalidad, es allanamiento de morada.
Cuando una persona se ve obligada a explicar su «no», empieza a dudar de su propio derecho a negarse. Esto es especialmente doloroso a una edad avanzada, cuando la energía es más valiosa que cualquier obligación social.
Por qué «no» es una frase completa
Los límites no existen para ser discutidos, sino para ser respetados. Negarse sin dar explicaciones no es descortesía, es claridad, pero cuando el interlocutor insiste, ofrece «compensaciones» o evoca sentimientos de culpa, la responsabilidad de la tensión no es de quien se negó, sino de quien no aceptó la respuesta.
Una solución práctica sugerida en el artículo de The Washington Post es la honestidad preventiva:
- informar abiertamente a amigos y familiares de que el formato de vida ha cambiado;
- explicar que las visitas diurnas son posibles, pero no las pernoctaciones;
- no lo haga en respuesta a una solicitud, sino con antelación, por ejemplo, en un mensaje de vacaciones.
Esto alivia la tensión antes incluso de que surja.
Los límites no son muros, son filtros. Los límites humanos no surgen del deseo de ofender. Surgen de la necesidad de sobrevivir, física y emocionalmente.
Las verdaderas relaciones soportan un «no» sincero. Las que se desmoronan por ello a menudo se mantienen unidas sólo por un acuerdo tácito de tolerarlo. Y quizá lo más importante: no hace falta estar cómodo para ser amable. El autocuidado no es el fin de la hospitalidad. Es su nueva forma, más madura.
